Teoría de Juegos y el 20D: Por qué Pablo Iglesias tiene todavía posibilidades de terminar siendo el próximo presidente del gobierno

Publicado el 23 de diciembre de 2015 a las 2:11

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ELECCIONESAnda todo el mundo echando quinielas sobre el desenlace del proceso electoral tras los resultados que se dieron el pasado domingo y aunque lo de aplicar la teoría de juegos a la política quedó en mal lugar tras el fiasco del proceso de negociación con la UE liderado en su momento por el ministro griego de economía Yanis Varufakis, los que utilizamos estas técnicas en nuestro día a día no podemos resistirnos a probar suerte.

Sin entrar a detallar el árbol de decisiones que recoge todos los posibles escenarios a considerar, sí querría llamar la atención sobre una línea de la que todavía no he oído hablar en las interminables tertulias de estos días.

Supongamos que ningún candidato logra los apoyos necesarios para ser investido presidente y ello nos aboca a volver a las urnas en un par de meses. En este caso, se abre una opción que aparentemente ha pasado todavía desapercibida por la masa de analistas y que se deriva de los pobres resultados obtenidos por Unidad Popular-Izquierda Unida: sus más de 920.000 votos se han traducido en apenas 2 escaños, cifra severamente penalizada por la Ley D’Hont. Si en un hipotético escenario en el que se repitiesen las elecciones lo razonable sería esperar que la decisión del voto se polarizase hacia los partidos con mayor apoyo, en el caso de los partidarios de UP-IU este movimiento natural se vería sustancialmente acrecentado tras haber constatado la situación de inferioridad en la que la Ley D’Hont deja a esta formación. Resumiendo: lo normal en este escenario es que gran parte de los votantes de Unidad Popular-Izquierda Unida optasen por un voto “útil” que mayoritariamente debería ir dirigido a Podemos (que con toda seguridad sabría incorporar hábilmente este mensaje a su discurso). La teoría de juegos nos dice que la dirección de Unidad Popular-Izquierda Unida, anticipando este movimiento, trataría de llegar (esta vez sí) a un acuerdo con Podemos para integrarse en esta formación y evitar su virtual desaparición.

Y ojo, este movimiento cambiaría todo. Echando algunos números con el Excel es fácil simular qué hubiera sucedido si Podemos y UP-IU hubieran concurrido conjuntamente el 20D: a los 69 escaños obtenidos por Podemos el domingo, hubiera podido sumar no menos de 16 escaños más: los 2 obtenidos por Unidad Popular en Común en Madrid y otros 14 adicionales que obtendría al sumar los votos recibidos por esta formación a los suyos. Según mis cuentas, estos 14 escaños provendrían de Granada (a costa del PP), Jaén (PSOE), Málaga (PP), Sevilla (Ciudadanos), Teruel (PP), Zaragoza (PP), Las Palmas (PP), Santa Cruz (Ciudadanos), Albacete (Ciudadanos), Ciudad Real (PP), Guadalajara (Ciudadanos), Murcia (PP), Álava (PSOE) y Vizcaya (PNV).

Más aún, esa eventual coalición se quedaría al borde de conseguir hasta 7 escaños más, que dada la trayectoria ascendente de Podemos durante las últimas semanas no resulta descabellado pensar que podrían caer del lado morado en unas segundas elecciones: Córdoba (a costa de Ciudadanos), Asturias (PP), Salamanca (Ciudadanos), Segovia (PP), Soira (PSOE), Zamora (PP) y Cáceres (PSOE).

Con todos estos movimiento el mapa parlamentario presentaría un aspecto sensiblemente diferente al obtenido el 20D:

20D

PP – 123

PSOE – 90

Podemos – 69

Ciudadanos – 40

Resto – 28

¿Junio 2016?

PP – 113

Podemos – 92

PSOE – 86

Ciudadanos – 34

Resto – 25

El PP volvería a ganar las elecciones, pero en este escenario Podemos lograría superar al PSOE como segunda fuerza política y, lo que es más importante, este nuevo marco haría viable un eventual acuerdo de investidura entre ambos partidos ya que la suma Podemos-PSOE superaría los 175 escaños requeridos para obtener la mayoría absoluta. El candidato presidenciable, obviamente, sería el del partido con mayor apoyo de la dupla Podemos-PSOE: Pablo Iglesias.

Política ficción si se quiere, pero quizá no tan lejana como muchos podrían pensar. De momento nos permite aventurar que la gran baza de Podemos a día de hoy pasa por llegar a esas nuevas elecciones y hacerse con el decepcionado electorado de UP-IU. Lo razonable, por lo tanto, es que Podemos no se preste a ningún acuerdo que conduzca a la investidura de un candidato, sea del color que sea, lo que a su vez deja al PSOE (dado que sin el apoyo de Podemos no estará en condiciones de presentar con opciones su propia candidatura) en la complicada tesitura de facilitar la presidencia a un candidato del PP (o a lo sumo un candidato independiente como comienza a escucharse) o forzar la convocatoria de un nuevo proceso electoral que bien puede conducirle al escenario que hemos descrito. Susto o muerte, que dicen en mi barrio.

Seguiremos discutiendo escenarios estos días conforme las negociaciones entre unos y otros vayan aclarando cosas.